quistes de ovario

Tipos de quistes en los ovarios y cómo tratarlos

Sufrir de quistes en los ovarios es uno de los padecimientos a los que están expuestas las mujeres durante buena parte de su vida. Y es que durante el proceso de ovulación, pequeñas bolsas llenas de líquido se pueden formar junto a los ovarios, o incluso, en el interior de los mismos.

Estos quistes pueden no presentar síntomas en un principio y aunque buena parte de ellos son inofensivos, algunas veces pueden generar serias complicaciones, como es el caso de la torsión ovárica, cuando se revientan o cuando, ya a partir de cierta edad, surge la amenaza del cáncer.

¿Cómo se diagnostica? 

Uno de los primeros exámenes que puede realizar el médico es la palpación pélvica. Si detecta que algo no va bien, para confirmar la presencia de quistes en los ovarios, puede solicitar alguna prueba con imágenes enfocada en el área.

Dicho examen arrojaría información vital sobre el tamaño, la forma, ubicación y estado de la masa, es decir, de qué está compuesto el quiste, si es sólido, líquido o si se puede apreciar ambas posibilidades.

Cuando se trata de exploraciones pélvicas, la prueba con imágenes más recomendada suele ser la ecografía. Aunque también pudiera requerirse una tomografía, resonancia magnética o ultrasonido.

Asimismo, es posible solicitar una prueba de embarazo, para descartar que la paciente se pueda encontrar en estado. Además, porque el embarazo ectópico algunas veces suele presentar síntomas similares.

Por otra parte, también son recurrentes los exámenes hormonales, con el fin de conocer sobre todo los niveles funcionales tanto de progesterona como de estrógeno.

Por último, el médico deberá evaluar la posibilidad de células cancerígenas y lo hará mediante un examen de sangre denominado CA-125. El cual, como dato de  referencia, en condiciones normales debe encontrarse por debajo de los 35 mUL.

¿Es síntoma de cáncer? 

Los quistes en los ovarios en un porcentaje bastante elevado no son cancerígenos. De hecho, muchos de ellos pueden desaparecer por sí solos o con un tratamiento a corto plazo. Sin embargo, existe un factor importante de riesgo a tener en cuenta.

Este factor tiene que ver con los años de la paciente. Al entrar la mujer en la menopausia pudiesen suscitarse desequilibrios hormonales que lleven a aumentar el peligro de contraer quistes cancerígenos. Por lo que a partir de cierta edad conviene necesario llevar un chequeo periódico, por precaución.

Síntomas 

Si los quistes son pequeños muy a menudo no se presentan síntomas; no obstante, si sobrepasan los 3 cm en su diámetro podrían padecerse ciertos dolores: en la región pélvica, durante el período de ovulación y también suelen experimentarse dolencias al tener relaciones sexuales. 

Otros síntomas que pueden sobrevenir son las náuseas, vómitos, sangrado vaginal sin razón, mayor sensibilidad en los senos, dificultad para evacuar completamente o para vaciar la vejiga, tener insistentes ganas de orinar, así como presentar aumento de peso y retrasos prolongados en el ciclo menstrual.  

Complicaciones 

Aunque es una proporción menor de casos, existen tres situaciones específicas en las que la paciente llegaría a complicarse. La primera de ellas viene dada por síntomas como dolor agudo junto a náuseas y vómitos, signos que son recurrentes cuando se padece la llamada torsión ovárica.

Tal condición sucede cuando el quiste, ya de un tamaño superlativo, quizás alcanzando hasta 8 cm de diámetro presiona el ovario, impidiendo con esto el correcto flujo sanguíneo en la zona. Por lo que su diagnóstico ameritaría atención quirúrgica inmediata.

Según el portal web espanol.womenshealth.gov, la segunda situación se da cuando el quiste se rompe, pudiendo traer consigo infección en la zona, así como un dolor intenso. Los síntomas en este caso, además de los ya mencionados, son la respiración agitada, fiebre y por supuesto el evidente sangrado.

Mientras que un tercer caso de complicación ocurriría durante el embarazo. Si los quistes se siguen desarrollando sin control durante esta etapa pueden romperse, retorcerse o causar problemas a la hora del parto. Por lo que conviene controlarse diligentemente durante esta fase.

Tratamiento 

Si bien es cierto que en la mayoría de los casos los quistes en el útero son inofensivos y tienden a desaparecer por sí solos sin tratamiento alguno, tenemos que, una vez al ser evaluados por el especialista se abren dos posibilidades específicas de tratamiento.

En un primer lugar y atendiendo a las características de los quistes, el objetivo será reducirlos de tamaño, evitar su crecimiento y propagación, así como eliminarlos mediante medicamentos.

Los médicos pueden recetar por un determinado tiempo el uso de píldoras anticonceptivas, inyecciones o parches con esta misma función. Ya que en la práctica estos fármacos detendrían el proceso de ovulación y con ello el avance de nuevos quistes.

Por otra parte, ante situaciones de mayor gravedad es casi inevitable pasar a la sala de operaciones para extirpar los quistes. De requerirse cirugía, la laparoscopia estaría indicada, pues este procedimiento puede efectuarse si el quiste es pequeño y sin ningún indicio de que sea cancerígeno.

La misma consiste en una mínima incisión cerca del área del ombligo a través de la cual se puede eliminar el quiste con un instrumento, laparoscopio, conveniente para ello. 

Asimismo, puede practicarse una laparactomía, una cirugía de mayor magnitud que suele ejecutarse cuando el tamaño del quiste es muy grande y además arroja resultados de que podría ser cancerígeno. 

Dependiendo del resultado de la biopsia, que dará información sobre si hay presencia de cáncer, el médico pudiera proseguir con una histeroctomía, que radica en eliminar tanto el útero como los ovarios.

A partir de su primer período es muy probable que las mujeres puedan desarrollar quistes en los ovarios. Aunque la mayoría de ellos no representa mayor riesgo ni mucho menos posibilidad de contraer cáncer, ya que en muchos casos estos nódulos pueden desaparecer solos o con tratamientos a corto plazo.

Sin embargo, hay situaciones a tener en cuenta así como factores de riesgo, por ejemplo, el hecho de que los quistes se desarrollen después de la edad reproductiva o que lleguen a crecer más de lo normal, escenario que ameritaría intervención quirúrgica. 

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