anemia

¿Cuáles son los tipos de anemia y cómo podemos combatirla?

La anemia se produce cuando nuestro organismo no es capaz de producir suficientes glóbulos rojos sanos, que, compuestos de hemoglobina, son los encargados de llevar el oxígeno que llega a los pulmones a los demás órganos y tejidos del cuerpo, para así lograr su cabal funcionamiento. 

Este es uno de los trastornos más comunes que afecta la sangre y que conduce al individuo a padecer, entre otros síntomas, un desgano generalizado. “Está amarillo, parece como un muerto”, suelen decir las personas.

Tipos de anemia

Existen diferentes casos de anemia, por supuesto unos más graves que otros:

Anemia ferropénica: diagnosticada cuando existen bajos niveles de hierro en la sangre, este mineral es fundamental en la elaboración de la hemoglobina.

Anemia perniciosa: ocurre al existir carencias de vitamina B-12, lo que trae como consecuencia un déficit en la producción de glóbulos rojos.

Anemia por deficiencia de folato: es entendida como una disminución de ácido fólico, otro nutriente indispensable.

Anemia aplásica: es la producida cuando la médula ósea se ve afectada y no es capaz de producir suficientes glóbulos rojos sanos. Tiende a ser de los casos que genera más complicaciones. 

Anemia hemolítica: aparece cuando los glóbulos rojos se extinguen o son destruidos por algún agente antes de que puedan ser reemplazados por la médula ósea.  

Anemia falciforme: uno de los casos más raros y también de corte hereditario, acontece cuando el individuo tiene la mala fortuna de nacer con genes anormales de hemoglobina, estos se destruyen y generan una descompensación con respecto al conteo de glóbulos rojos de por vida.

Talasemia: también de tipo hereditario y muy preocupante debido a su carácter mortal. Sucede cuando se destruyen grandes cantidades de glóbulos rojos como consecuencia de que el organismo produce una rara forma de hemoglobina.

Anemia megaloblástica: surge cuando los glóbulos rojos exceden, en sus características, su tamaño habitual.

Causas de la anemia

Podemos establecer cuatro causas significativas:

Alimenticias: si hay vitaminas y minerales que tienen incidencia en la producción de glóbulos rojos sanos, la disminución en su ingesta así como su ineficaz asimilación, puede ser la causa más frecuente de la anemia.

Estas vitaminas son el ácido fólico y la vitamina B12, mientras que para una óptima producción de hemoglobina, que es una proteína al fin, el hierro resulta imprescindible.

Herencia: otra de las causa de la anemia está ligada a trastornos hereditarios.

Fármacos: hay medicamentos que destruyen sin piedad los glóbulos rojos, como aquellos usados en quimioterapias. También ciertos antibióticos conocidos como las cefalosporinas y la penicilina, así como los antiinflamatorios no esteroideos. 

Pérdida comprometida de sangre: también es frecuente que la pérdida de sangre, ya sea por una cirugía, una hemorragia interna o sencillamente por el ciclo menstrual, desencadenen este trastorno.

Por último, otras posibles causas de la anemia, según el portal web mayoclinic.org, están relacionadas con enfermedades como el VIH, el cáncer, enfermedades renales y la enfermedad de Crohn. Puesto que las mismas pueden tener serias incidencias en la producción de glóbulos rojos.

¿Cómo se diagnostica?

Cuando se sospecha de anemia, en un primer momento el médico puede realizar exámenes centrados en la sangre. Como por ejemplo un hemograma completo. En el que se pueda reflejar  la cantidad, forma, tamaño y color de los glóbulos rojos.

Como datos referenciales de los niveles normales, tenemos que: los glóbulos rojos deben encontrarse en las mujeres entre 35% y 47%, mientras que en los hombres oscila de 41% a 52%. 

Por otra parte, el estándar de la hemoglobina en las mujeres estará entre 12 a 16 y en los hombres será de 14 a 18 gramos por decilitro. Asimismo, el médico puede solicitar un examen centrado en la concentración de hierro en la sangre.

También suele ser importante evaluar los síntomas y conocer sobre la historia familiar del paciente. El médico puede, además, hacer una revisión física de algunos órganos como el corazón, verificando la velocidad de sus latidos, así como podrá evaluar el hígado y el funcionamiento de los pulmones. Y ya en últimos casos se requeriría una muestra de la médula ósea.

Tratamientos para combatir la anemia

Los tratamientos para la anemia son variados y van a depender de la condición del paciente, la causa que la origina, así como la gravedad de la misma. Pueden ir de lo más sencillo a lo más complejo.

Lo más simple implicará ejercer cambios importantes en cuanto a la alimentación. Primeramente, con el fin de aumentar la cantidad de hierro en el organismo, es muy recomendable el consumo de lentejas, espinacas, garbanzos y cereales. 

Otros alimentos que aportarían vitamina B-12 son los pescados, mariscos y el hígado. En cuanto al ácido fólico, lo encontramos de forma natural en el aguacate, el plátano, los frutos secos como almendras, nueces y productos integrales en general.

Mientras que habrá casos en los que resulta indispensable el uso de medicamentos: para tratar infecciones, o evitar que el sistema inmunitario ataque por equivocación los glóbulos rojos (caso de las anemias hemolíticas). Así como resultan indispensables ciertas hormonas para evitar que sea difuso el sangrado producto del ciclo menstrual en las mujeres.

Por otra parte, puede que en los casos de mayor gravedad sean necesarias las transfusiones de sangre (para anemias falciformes), un trasplante de médula ósea o células madre de la sangre, (caso recurrente en la talasemia y la anemia aplásica), así como la cirugía para evitar el sangrado de algún órgano.

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