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Tratamiento de la obesidad: síntomas, remedios naturales y nutricionales

Parte del tratamiento de la obesidad comporta hábitos alimenticios y de ejercicio físico  con resultados que pueden obtenerse en tiempos no inmediatos. Por tanto, la disposición para disminuir el sobrepeso figura como un elemento cardinal en la batalla contra dicho padecimiento.

Distintas civilizaciones han legado la sabia creencia de que gozar de una buena salud es uno de los mayores tesoros en la vida de una persona. Sin embargo, todos somos susceptibles de padecer cualquier afección que complique en distintos niveles nuestra salud, tal es el caso de la obesidad o la diabetes.

En ocasiones con el fin de contrarrestar las múltiples dificultades derivadas de condiciones no súbitas, como la obesidad, resulta preciso conocer las implicaciones de su naturaleza. Es por ello, que en el siguiente artículo intentaremos compartir aspectos clave de esta enfermedad caracterizada por el cúmulo excesivo de grasa.

Los síntomas, las causas, las complicaciones más los riesgos de salud y, por supuesto, el tratamiento de la obesidad, son algunos de los aspectos que encontraremos en lo que sigue.

Síntomas de la obesidad

El signo más evidente de la obesidad es el exceso de peso constituido mayormente por grasa, hecho que indefectiblemente acusa obesidad y que suele confundirse con el sobrepeso. Sin embargo, ambas afecciones difieren en tanto que aquélla cuenta con índice de masa corporal (IMC) de 30kg/m2 o superior, en cambio el sobrepeso no supera el IMC de 25kg/m2.

Se suma a la sintomatología de la obesidad la dificultad para respirar, lo que podría devenir en sensación de ahogos constantes. Debido al descomunal peso, el tórax se siente presionado lo que, naturalmente, obstaculiza la velocidad y funcionamiento del mecanismo respiratorio. Este incómodo fenómeno también aparece mientras se duerme, así la apnea del sueño, también es otra de las señales comunes en las personas obesas.

Por otra parte, la persona con obesidad suele padecer problemas óseos, que afectan considerablemente a las articulaciones. Como sabemos, éstas soportan el peso corporal, por tanto, cuando la carga es excesiva las articulaciones sufren lesiones, sobre todo las de rodillas y tobillos.

Pero el sistema óseo no sólo se ve afectado por las articulaciones de los miembros sino que la columna vertebral se ve seriamente deteriorada por la obesidad. Sobre todo las molestias a nivel lumbar o los constantes dolores en la espalda baja son señales que acusan el exceso de peso.

La intolerancia o fatiga ante altas temperaturas denuncian, igualmente, un índice de masa corporal igual o mayor a 30 kg/m2. La incómoda consecuencia de estar inmerso en ambientes muy calurosos es la abundante sudoración, denominada también hiperhidrosis. La enorme cantidad de grasa, modifica y altera el funcionamiento de las glándulas sudoríparas, es por ello que las personas con obesidad sudan habitualmente.   

Finalmente, así como los riñones destacan por su noble labor en la filtración y excreción de los desechos del cuerpo, la función de los pies es loable, dado que en ellos recae el peso y la tarea de desafiar a la gravedad.

Con los excesos de peso es normal que el rol de estos miembros se desvirtúen ocasionando inflamación en los tobillos. Así pues afecciones como edemas, fascitis plantar o retención de líquido en los pies son síntomas de obesidad.

¿Cómo se diagnostica la obesidad?

Por razones de salud, principalmente, y en atención a la consecución del tratamiento más idóneo es importante distinguir si la persona sufre de sobrepeso o si ya ha alcanzado el nivel de obesidad. Para tal fin existen pruebas que determinan con exactitud el índice de masa corporal del paciente.

El primer mecanismo, y quizás el más conocido, consiste justamente en calcular la masa total (o el peso propiamente dicho) y dividirlo entre dos veces la estatura (al cuadrado). De esta operación matemática resultará el ya conocido Índice de masa corporal, IMC, expresado en kg/m2.

Si bien este método es el que goza de mayor popularidad en los entornos médicos, señala medix.com que su desventaja radica en que no es capaz de identificar la grasa acumulada en el tejido muscular. Como compensación ante esta limitación el porcentaje de masa grasa sí logra diferenciar la grasa de la masa muscular.

Los instrumentos de medición empleados en este procedimiento dan cuenta no sólo de la cantidad de grasa que aloja el cuerpo sino que muestra el porcentaje de músculos y de agua o líquidos corporales. Según los expertos y de acuerdo a los parámetros que maneja esta prueba, se considera que los hombres cuyo porcentaje de grasa reporte 35 o más tienen obesidad; mientras que si la población femenina llega de 32% de grasa, es indicio de obesidad.

Un tercer procedimiento que permite diagnosticar la obesidad abdominal, particularmente, implica la medición de la circunferencia del abdomen, región en la que se suele hospedar los más grandes reservorios de tejido adiposo. Los resultados que acusan obesidad abdominal en hombres y mujeres son de 102 centímetros y 88 centímetros, respectivamente.

Sumado a estos procedimientos de cálculo y medición y siguiendo los protocolos establecidos, el médico tratante ordenará exámenes de sangre. De manera especial se verá interesado en examinar el comportamiento hormonal, dado que las hormonas tienen un papel preponderante en la obesidad.

Por último, los antecedentes familiares son objeto de indagación al momento de detectar obesidad, porque, como veremos más adelante, el componente genético influye en los trastornos de sobrepeso mórbido u obesidad.

Causas de la obesidad

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Créditos foto: Shutterstock.com

Existe consenso por parte de los especialistas en atribuirle a la obesidad un origen multifactorial. Las causas de la obesidad involucran tanto condiciones de salud como acciones inherentes al estilo de vida. A su vez, el componente genético también interviene en esta afección.  

Pese a que son varias las causas desde el punto de vista químico y fisiológico el principal motivo de la obesidad recae en la insuficiente o disminuida cantidad de calorías expulsadas en relación con las consumidas.

Esto es, la excesiva ingesta de calorías se transforma en grasa que no es liberada mediante la actividad física, derivando así depósitos adiposos de gran tamaño.

Es por lo anterior que el ritmo de vida que lleve la persona interviene ya sea positiva o negativamente en la obesidad. Normalmente esta condición se halla ligada a la inactividad o sedentarismo, situación que complica mucho más el funcionamiento de todos los sistemas.

Otro aspecto señalado como responsable de la obesidad es el factor hormonal. Específicamente la resistencia a la insulina se asocia a tal padecimiento. El funcionamiento de la insulina resulta decisivo porque es la hormona encargada de transformar la glucosa de los alimentos en energía, por tanto, al cuerpo no asimilarla los azúcares van a parar en la sangre convirtiéndose en grasa.

La leptina también suele estar emparentada con la obesidad puesto que la misma ejerce tareas relacionadas con el control del apetito. Asimismo, en materia endocrinológica el hipotiroidismo suele identificarse como causa de obesidad.

A su vez, la necesidad voraz de consumir alimentos no precisamente saludables y sin ningún control de horario podría vislumbrar alteraciones de tipo psicológico. La ansiedad o el estrés son estados asociados a la obesidad que pueden ponerse de manifiesto mediante el consumo descontrolado de calorías, sin tener hambre.

Por último, afirman los expertos que si bien la predisposición genética es un factor relevante en el desarrollo de la obesidad, un abordaje y tratamiento adecuados podrían cooperar en sobrellevarla. Esto no supone, sin embargo, la anulación total de la impronta hereditaria.  

Tratamientos de la obesidad

Dada la complejidad de la obesidad y las varias aristas de salud que se ven vulneradas, es recomendable la participación de varios especialistas en su tratamiento. Endocrinólogos, nutricionistas, internistas, cirujanos y psicólogos brindan herramientas que, en conjunto, resultan más contundentes para tratar la obesidad.

A pesar de que los componentes genético y hormonal influyen en la condición obesa, el comportamiento reflejado en hábitos alimenticios y de (in)actividad es determinante en su regulación.

De modo que, muchos especialistas antes de iniciar un tratamiento clínico exhortan a los pacientes a modificar la conducta en cuanto al sedentarismo y la ilimitada ingesta de calorías.

Además, los médicos suelen hacer énfasis en que no se trata de disminuir el consumo excesivo solamente durante un tiempo, sino que lo resultados esperados u obtenidos (luego de un procedimiento quirúrgico, por ejemplo) se mantendrán siempre y cuando las nuevas costumbres alimentarias se prolonguen en el tiempo.

Situación similar ocurre con la actividad diaria. En vista de que la condición de obesidad viene dada, precisamente, por el hecho de no quemar o liberar un número significativo de calorías en comparación con la abundante cantidad ingerida, lo más natural e idóneo para contrarrestar la obesidad es la permanente realización de ejercicios físicos.   

Pero de nada sirve hacer ejercicios sin ejercer ningún control o limitación de alimentos no saludables. En definitiva, el primer avance en el tratamiento de la obesidad supone la decisión de aminorar o desaparecer conductas perjudiciales: sedentarismo e ingesta desmedida de calorías.    

Desde la práctica clínica, existen varias opciones que debilitan u obstaculizan uno de los principales móviles de la obesidad: el usual consumo colosal de alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares.

Se trata de la cirugía bariátrica cuyo propósito es reducir el tamaño del estómago, mediante diferentes técnicas, con lo que se espera incrementar la satisfacción o saciedad con menor cantidad de consumo.

Uno de los mecanismos más comunes es el bypass gástrico en Y de Roux, en el mismo se ejerce una incisión en la parte alta del estómago que busca disminuir su tamaño. Así, la comida que ingresaba al músculo estomacal antes de este procedimiento, ahora encontrará apenas un pequeño depósito que conecta directamente con el duodeno o parte inicial del intestino delgado.

Otra técnica muy común empleada para atenuar la obesidad es la denominada manga gástrica o gastrectomía. Mediante este proceso el cirujano busca modificar el tamaño y aspecto del estómago, eliminando una parte considerable de su constitución. Una vez que ha sido extirpada más de la mitad lo que queda adopta una forma tubular o de manga.

En tercer lugar, para combatir la obesidad, una de las cirugías más cotizadas pero al mismo tiempo más riesgosas es la derivación biliopancreática con cruce duodenal. El grado de complejidad de esta técnica reside en que se ameritan dos intervenciones para lograr el objetivo.

En un primer momento esta operación requiere la eliminación de buena parte del estómago, es decir, se lleva a cabo gastrectomía o manga gástrica. Seguidamente se cierra la parte media del intestino para conectarla con el duodeno y con la sección final del intestino.

Resulta importante mencionar que además de la aprobación de la persona obesa para someterse a la cirugía bariátrica en alguna de las técnicas asomadas, el médico cirujano antes de la intervención, indagará sobre la condición física y  hormonal del paciente.

Finalmente, el acompañamiento psicológico representa un punto de apoyo que favorece el tratamiento de la obesidad. En ocasiones estados de ansiedad o nerviosismo propician un desenfrenado consumo de calorías. 

Remedios naturales

Debido a la complejidad que entraña la obesidad, es posible creer que alternativas naturales puedan funcionar para combatirla, sobre todo, en niveles avanzados cuando ha transcurrido mucho tiempo desde su aparición.

Sin embargo, tanto la disposición del paciente en modificar su conducta alimenticia como la constancia y disciplina puestas en los tratamientos naturales, se presentan como valiosas herramientas para desafiar dicha enfermedad. 

Lo anterior no deslegitima, ni mucho menos, aconseja eludir las orientaciones de los profesionales. De hecho, la recomendación para obtener resultados positivos mediante remedios naturales en la lucha contra la obesidad amerita el acompañamiento de un médico nutricionista, entre otras razones, porque muchas de estas opciones son alimentos ideales para liberar grasa y/o acelerar el metabolismo.

Las propuestas naturales que exponemos a continuación, están dirigidas a aquellas personas que, de momento, desean probar mecanismos no invasivos como la cirugía bariátrica y que están dispuestas a elaborar y cumplir a cabalidad una rutina de ejercicios. Algunas de aquéllas son:  

El té verde: esta planta milenaria poseedora de antioxidantes aporta múltiples beneficios a la salud. Pero en el caso que nos ocupa, es su componente epigalocatequina galato al que le son atribuidas las propiedades de reducir considerablemente la grasa depositada en la región abdominal.  

Como sabemos que el azúcar puede ser transformada en grasa, es racional preparar el té sólo con las hojas (prescindiendo de cualquier endulzante). Durante el día bastará con tomar cuatro tazas de infusión.   

Semillas de chía: estas semillas usadas por la civilización maya, hoy día son reconocidas porser depositarias de ácidos grasos Omega 3, además de poseer calcio y magnesio. Para combatir el sobrepeso excesivo, las razones que motivan el consumo de las semillas de chía obedecen a que las mismas potencian la eliminación de toxinas e impiden la retención de líquidos.

Podemos aprovechar los beneficios de las semillas de esta planta centroamericana en ensaladas o dejándolas durante al menos tres horas en agua para que aumenten de tamaño y luego puedan ser ingeridas.

Una tercera posibilidad para paliar o reforzar otros tratamientos que busquen disminuir la obesidad se halla en el yogur descremado.

Catalogado como un excelente alimento para mantener la flora bacteriana en equilibrio, el yogur natural (sin azúcar ni frutas) obstaculiza la producción de nuevos acopios de grasa, gracias a que el calcio presente en él regula y disminuye la segregación de la hormona cortisol, sustancia que ante atmósferas de ansiedad propicia la acumulación de grasas.

Consecuencias de la obesidad

Sin duda la obesidad ocupa los primeros lugares de las enfermedades que mayores complicaciones comportan en todos los sistemas y aparatos del organismo.

Sus consecuencias van desde dificultades en asuntos relacionados con la interacción social hasta graves afecciones que pueden conducir a la muerte.

Muchas de las afecciones provocadas por la condición de obesidad son catalogadas como crónicas, dado el elevado nivel de deterioro que pueden ocasionar en la salud.

Por ejemplo, todo el sistema circulatorio, con la obesidad, sufre profundas consecuencias acarreando enfermedades arteriales.

Padecimientos como accidentes cerebrovasculares, cardiopatía e hipertensión arterial, son apenas tres situaciones en las que el tráfico sanguíneo arterial se ve alterado.

Así, en la cardiopatía el componente graso alojado en las arterias, que llevan oxígeno y sangre al corazón, hace que el interior de las arterias se vea reducido.

Esta congestión en las paredes de las arterias coronarias obstaculiza el flujo sanguíneo en detrimento del funcionamiento cardíaco.  

La diabetes, ya sea tipo 1 o tipo 2, también se suma a las consecuencias derivadas de la obesidad. Ambas afecciones podrían generar en la persona que las porte difíciles estados de salud, sobre todo, por la resistencia a la insulina que puede desarrollar.

Como sabemos los azúcares ingeridos, cuyas cantidades pueden ser abundantes en personas obesas, no son transformados en energía sino que se depositan en el torrente sanguíneo. Esta anomalía que pone de manifiesto el funcionamiento de la insulina es el responsable de la diabetes tipo 2.

También los padecimientos óseos son producto de la condición obesa. La artrosis, particularmente, es la enfermedad que más dolores y molestias acusa en pacientes con  obesidad.

Lo cual es normal si recordamos que dicha afección se caracteriza por la degeneración de las articulaciones y precisamente son éstas las encargadas del movimiento esquelético, además de cooperar en el soporte del peso.

Algunos especialistas asocian esta fuerte molestia articular con la inactividad o el escaso entusiasmo de las personas con obesidad ante tareas de desempeño físico o ejercitación.

Enfermedades terminales tan temidas como el cáncer pueden hallarse ligadas a la condición de obesidad. En este sentido, reporta Veritasint que específicamente el cáncer de endometrio y cáncer de mama tienen como factor de riesgo la obesidad. Igualmente, el colosal sobrepeso podría influir en la aparición de cáncer de próstata y de recto, en la población masculina.

Los problemas respiratorios son señalados como consecuencias de la condición de obesidad dado que la misma trastoca la dinámica pulmonar.

Principalmente, mientras la persona duerme puede experimentar obstrucciones repetitivas en el tracto faríngeo, fenómeno conocido como apnea obstructiva del sueño.  

A las ya mencionadas enfermedades, cuyos niveles de riesgo pueden verse aumentados con el padecimiento de obesidad, se suman las afecciones hepáticas. De modo que el hígado graso, no alcohólico, es una patología vinculada con la obesidad dado el acopio de grasa en dicho órgano.

Pero no todas las secuelas de la obesidad tienen como blanco enfermedades, sino que también el ánimo se ve trastocado. Así como los sistemas y órganos son quebrantados por el excesivo sobrepeso, los ámbitos psicológico y emocional son, igualmente, afectados por la obesidad.

Particularmente son las relaciones interpersonales las que podrían verse menguadas o vulneradas dada la sensación de rechazo que pueden sentir las personas obesas.

Como resultado de la sensación de rechazo experimentada por los pacientes con obesidad, pueden, desafortunadamente, prosperar problemas de autoestima combinados con depresión.

De allí el necesario acompañamiento de un profesional en el área para asistir al paciente desde el punto de vista psicológico.  

Tratamiento nutricional para la obesidad

Ya que la obesidad es un trastorno que involucra directamente el entorno alimenticio, la orientación de un nutricionista es necesaria para sobrellevar dicha afección y poder comenzar cualquier tratamiento, inclusive los naturales.

Pero, sobre todo, resulta determinante la fuerza de voluntad del paciente para decantarse por alimentos saludables y descartar los que contienen elevadas concentraciones de calorías.

Educar al paciente en materia de alimentación es una de las tareas de los especialistas. Porque poner en marcha un plan de alimentación no equivale al seguimiento de dietas rápidas e intensas, sino que contempla la necesidad de aprovechar todos los nutrientes posibles a través del consumo de una amplia variedad de alimentos.

Es por ello que frutas, verduras, legumbres, vegetales y cereales integrales deberían ser recurrentes en un plan nutricional que se proponga tratar la obesidad. En conjunto con estos tipos de alimentos tanto las horas de comer como el tamaño equilibrado de las porciones optimizarían tal planificación.

Pese a que las vitaminas, proteínas, grasas y minerales son nutrientes requeridos por desempeñar roles específicos en el metabolismo, recomienda el espacio hospitalitaliano que las grasas no deberían sobrepasar el 30% diariamente, en un plan nutricional diseñado para combatir la obesidad.

Aunque los carbohidratos (alojados en cereales, lácteos y frutas) constituyen fuentes de energía, cuando haya signos de obesidad, resulta preferible los cereales como el arroz integral o la leche descremada.

En virtud de que el cuerpo necesita reservas energéticas para su correcto desempeño, y más el de una persona obesa quien desplaza mayor cantidad de masa, al menos, la mitad de nutrientes (50%) debería estar constituida por carbohidratos.

Por su parte, las proteínas, no pueden soslayarse de un plan nutricional para una persona con obesidad, puesto que las labores de los aminoácidos en cuanto al fortalecimiento de estructuras celulares y transporte de nutrientes son insustituibles.

Preferiblemente para este tipo de pacientes son aconsejadas las proteínas bajas en grasa o las de origen vegetal: legumbres y frutos secos.

Una de las tantas molestias que podría anexarse a la obesidad es el estreñimiento. Esta condición puede ser aliviada con el consumo de alimentos ricos en fibra: avena, zanahoria, acelga, auyama o frutas ricas en fibra: mandarinas, ciruelas o higos, gracias a su poder para aligerar el tránsito intestinal.

Todo acto de planificación comprende la selección y la omisión deliberadas de elementos. Por consiguiente, un diseño nutricional que procure arremeter o prevenir la obesidad, necesariamente, ameritará el mínimo consumo de alimentos poseedores de azúcares procesadas como gaseosas y golosinas.

Otra restricción debería concretarse en la anulación, casi, total de grasas sobresaturadas e industrializadas, ingredientes seductores pero nocivos de muchos productos de repostería.

En su lugar, las grasas naturales, también denominadas grasas buenas halladas en aguacates, nueces o en las semillas de lino, pueden sustituir a las grasas saturadas.

Y para completar un régimen nutricional orientado al tratamiento de las personas que padecen obesidad ingerir abundante agua a lo largo del día entraña un acto sabio y de solidaridad con el organismo.

En definitiva, una estimable ingesta de líquidos concertada con una propuesta balanceada de alimentos se instituirá como un efectivo plan nutricional para hacerle frente a la obesidad.

Después de conocer las múltiples complicaciones de salud que podría traer consigo la obesidad, no queda mejor opción que procurar un tratamiento de la obesidad que desde un abordaje integral coopere en su regulación y control.

Si bien la cirugía bariátrica se alza como una vía rápida, no existe garantía de que la misma surta efectos prolongados si no se contempla una dieta saludable.

Una vez más reiteramos la obligatoriedad de un activo desempeño físico, acción que además de promover la quema de toxinas, fortalecerá la mecánica corporal.

Pese a que  poner en movimiento cantidades colosales pueda asustar al principio, con el tiempo, esta decisión redundará en ligereza y salud integral. Al respecto, diversos estudios han constatado el bienestar emocional que se experimenta a partir de realizar ejercicios habitualmente.

En aras de prevenir la obesidad, además de los consejos esbozados a lo largo del artículo, resulta primordial dedicarnos tiempo y poner en marcha gestos de atención hacia nuestra apariencia y sentir.

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