diabetes tipo 2

Diabetes tipo 2: tratamientos y cuándo usar insulina

De nuestro cuidado, auto-observación y amor propio, depende el hecho de tratar y coexistir amigablemente con un número importante de afecciones que ocasiona perjuicios, tales como la amputación de miembros. Este acto indeseable puede ser, en casos extremos y a posteriori, una consecuencia del inadecuado manejo de la diabetes tipo 2.

La diabetes tipo 1 es catalogada como más peligrosa y cuyo tratamiento recae siempre en la insulina, de hecho, sus pacientes son asumidos como insulinodependientes. Pero de no brindar, a la diabetes tipo 2, un adecuado abordaje clínico acompañado de ejercicios aeróbicos y una dieta saludable, ésta puede avanzar y acarrear dificultades graves de salud.

En este artículo aportamos conocimiento sobre los síntomas que pueden cooperar en la identificación del diagnóstico de la diabetes tipo 2. Así como también ofrecemos información con respecto al tratamiento y las complicaciones de dicha enfermedad.  

Síntomas de la diabetes tipo 2

La diabetes tipo 2 es una enfermedad caracterizada por el acopio de glucosa en el torrente sanguíneo.

Esta acumulación de azúcar en la sangre, viene dada por la insuficiente cantidad de insulina segregada por el páncreas o por el inadecuado funcionamiento de dicha hormona en cuanto al aprovechamiento y transformación de la glucosa en energía.

Sus síntomas pueden variar de acuerdo con lo avanzada que esté la diabetes tipo 2. Destaca entre los signos de esta afección, cuando se encuentra en sus etapas iniciales, presentar sed intensa, lo que podría obedecer a los elevados niveles de azúcar en el organismo.

Como respuesta a lo anterior, la micción frecuente es otro de los síntomas de la diabetes tipo 2. Ya sea por vaciar la vejiga o por filtrar la abundante cantidad de glucosa, los riñones duplican su loable labor. Al orinar constantemente, se liberan muchas calorías, lo cual conduce a la pérdida de peso, otro signo importante ante dicho padecimiento.

Aumenta la lista de señales la resequedad en la cavidad bucal; escozor o sensación de picazón en la epidermis y debilidad o carencia de energía.

La falta de energía puede explicarse, así como los demás signos, por alteraciones de la insulina. Y es que cuando el páncreas no produce la cantidad necesaria de insulina o su asimilación es trastocada, el azúcar queda almacenado en el torrente sanguíneo sin ingresar ni proveer energía a las células.

A su vez, en vista de que la energía aportada por la glucosa no accede a las células, el organismo experimenta hambre voraz. Señal que de algún modo reclama la cuota de glucosa necesaria para su correcto desempeño.

Uno de los sentidos más afectados por la diabetes tipo 2 es la vista. De modo que la visión borrosa, también acusa la presencia de esta enfermedad. Ante el exceso de glucosa almacenada el cristalino no puede enfocar correctamente lo que percibe, dando origen a imágenes difusas e imprecisas.

Pero si durante un tiempo prolongado, los niveles de azúcar han permanecido en el torrente sanguíneo sin la regulación necesaria, los síntomas de la diabetes tipo 2 suelen ser percibidos con más facilidad. Por ejemplo la demora en la cicatrización de una herida, puede llamar la atención.

Como veremos en las complicaciones de la diabetes tipo 2, tanto los vasos como el sistema inmune ven menguadas su estructura y capacidad, razón que justifica la tardanza en la reparación del tejido y cierre de heridas o cortes.

Asimismo, la candidiasis originada por el hongo Candida, suele ser común en pacientes con diabetes tipo 2. Ya sea a nivel genital o en la zona orofaringea los pacientes diabéticos experimentan irritación y picazón en tales regiones corporales.

Por último, tanto la sensación de parálisis de las extremidades como el dolor de pies dados los inconvenientes de circulación motivados por el daño a los vasos sanguíneos, se erigen como otros indicios de la diabetes tipo 2.  

¿Cómo se diagnostica la diabetes tipo 2?

diabetes tipo 2 tratamiento
Créditos foto: Shutterstock.com

Ante una medición de la glucosa, en ayunas, con resultados que superen los 100 miligramos por decilitro (mg/dL) o tras experimentar algunos de los síntomas antes mencionados, muy probablemente el médico indicará la realización de determinadas pruebas para corroborar el diagnóstico.

Dado que la glucosa provee energía mediante los alimentos, las pruebas en sangre para diagnosticar diabetes toman como punto de comparación antes y después de haber comido.

Así por ejemplo cuando un nivel supera muy ligeramente los 100mg/dL es posible detectar prediabetes, acción significativa para regular a tiempo una posible diabetes.

Una primera prueba para detectar diabetes tipo 2 es la denominada prueba de hemoglobina A1C o también conocida como prueba de hemoglobina glicosilada.

Este mecanismo permite cuantificar los niveles de glucosa manejados por el organismo durante los tres últimos tres meses.

Estamos ante diabetes tipo 2 cuando los resultados están por encima del 7% y aunque lo normal, según los parámetros de esta prueba acotados en Mayo Clinic van desde 5,7% hasta 6,4%, cuando se alcanza el segundo valor es preciso tomar medidas porque indica prediabetes.

Una segunda manera de averiguar si padecemos diabetes tipo 2 es a través de la prueba de glucosa en plasma. Este examen es menos común que la de hemoglobina glicosilada y amerita realizarse en ayunas, considerando al menos 8 horas sin ingerir alimentos. El referente para indicar que se trata de diabetes tipo 2 es de 126 mg/dL o mayor.

También con la prueba de tolerancia a la glucosa oral es posible observar el comportamiento del azúcar en el organismo. La misma se enfoca, sobre todo, en medir la intolerancia a la glucosa.

A diferencia de los mecanismos anteriores, en este modo de proceder se hace necesario extraer la sangre en tres momentos: antes de tomar la bebida azucarada suministrada en el laboratorio; una hora después de haberla ingerido y luego, al cabo de dos horas.

Mientras transcurre el tiempo nunca sobra un chequeo de química sanguínea. Así, una prueba al azar, o fortuita, de azúcar en la sangre, podría constituir una útil herramienta para conservar la calma siempre que esté por debajo de 200mg/dL, sin haber ayunado o adoptar medidas de alerta si el resultado supera dicho nivel.


¿Cuándo usar insulina en la diabetes tipo 2?

El National Center for Biotechnology Information  señala que una considerable cantidad de personas con diabetes tipo 2 amerita la administración de insulina. Y es que, como sabemos, ante dicho padecimiento esta hormona encargada de regular la glucosa se ve menguada o no es asimilada cabalmente por el cuerpo.

Cuando ya una alimentación balanceada ni la constante ejercitación física o la terapia oral logran mantener cierto control sobre los elevados niveles de azúcar, el uso de la insulina es lo más viable, según los expertos. Sintetizada en laboratorios, esta sustancia aminora la concentración de glucosa en la sangre.  

La duración del efecto de la insulina en el cuerpo determina sus tipos. De modo que existen, según el tiempo e intensidad de acción, dos tipos de insulina: de acción prolongada y de acción intermedia. La elección dependerá de diferentes factores.

El primero de ellos se relaciona con la respuesta y tolerancia del organismo ante uno u otro tipo de insulina. Se suma a ello, el régimen alimenticio seguido por cada persona y su estado de actividad diaria o de movimiento.

Para hacerle frente a la diabetes tipo 2, la administración de insulina ya sea de acción prolongada o de acción moderada tiene la capacidad de controlar el azúcar durante la noche, entre comidas y mientras se esté en ayunas.

Así, el objetivo que persiguen ambos tipos de insulina, la de acción intermedia y prolongada, coincide en procurar que se mantenga baja la cantidad de azúcar a lo largo de todo el día.

El acto y el momento de comer suponen hechos clave al momento de suministrar la insulina. Razón que justifica la existencia de insulina de acción rápida e insulina de acción corta, para ser empleadas, especialmente, a la hora de ingerir alimentos.

La intensidad y el tiempo transcurrido, no mayor a cuatro horas, en nivelar los niveles de glucosa que se incrementan cuando comemos, podría implicar la necesidad de aplicar más de dos veces la insulina con esta variante.

Sin embargo, la cantidad de inyecciones puede ser reducida si lo conveniente es optar por la insulina premezclada, cuyo radio de acción cubre tanto las comidas como el resto del día.

El monitoreo del médico así como la vigilancia y autoobservación del paciente resulta fundamental en este punto, puesto que, podría emerger una hipoglucemia, como efecto secundario.

En tal sentido, ya sea una imprecisión con la dosis o un descuido u omisión de comidas, podrían ser detonantes de descensos de azúcar.

Tratamiento para la diabetes tipo 2

El acompañamiento médico resulta capital para tratar la diabetes tipo 2. A la asesoría brindada por un especialista debe anexarse la disposición del paciente para coexistir sin mayores conflictos con la referida afección.

Porque si bien existen fármacos que controlan los niveles de glucosa, el resultado esperado de los mismos se verá condicionado por otros aspectos inherentes al estilo de vida de la persona quebrantada.

La alimentación, por ejemplo, no puede evadirse para regular la diabetes tipo 2.

Una dieta saludable y balanceada será una gran aliada en el manejo de este tipo de diabetes. Los carbohidratos no deberían consumirse en exceso porque incrementan la cantidad de azúcar en la sangre, hecho que precisamente ocasiona la diabetes tipo 2.

Tampoco es aconsejable abusar de los lípidos y de las proteínas por su resultado más evidente y perjudicial: el sobrepeso. Las calorías de estos alimentos, principalmente los que contienen grandes proporciones de grasas saturadas y no naturales, además de traer complicaciones de tipo cardiovascular podrían entorpecer los efectos de medicamentos recomendados para controlar la diabetes tipo 2, e inclusive, limitar el efecto de la insulina inyectable.

Incorporar en la rutina diaria la realización de ejercicios físicos, representa una útil y necesaria estrategia que favorece la regulación de la diabetes tipo 2.

El corazón, los pulmones y la red encargada de la circulación agradecerían esta decisión, pues su rendimiento se vería mejorado.

Asimismo ante la beneficiosa pérdida de peso, en caso de que haya obesidad, hacer ejercicios interviene positivamente en la recepción de la insulina por parte del cuerpo.

Una vez diagnosticada la diabetes tipo 2, el médico hará un seguimiento que reporte la cantidad de glucosa depositada en el flujo sanguíneo, al tiempo que evaluará factores de riesgo. Esta necesaria fase de rastreo permitirá al especialista dar con el tratamiento más idóneo según las variables personales del paciente.

Este primer paso en el tratamiento de esta enfermedad podría ser iluminador, ya que en caso de que los reportes de glucosa no se alejen mucho de los niveles considerados normales, al menos inicialmente, el médico no apelaría a fármacos.

En este momento el compromiso y la cooperación de la persona se enfocarían en el cumplimiento de una dieta sana y ejercicio. 

Pero si los datos arrojados en la medición hecha por el especialista acusan oscilaciones y no basta con llevar una dieta saludable ni la ejercitación constante, los fármacos orales se erigen como la opción siguiente.

Bajo un, aconsejable, criterio guiado por tácticas escalonadas es probable que el médico especialista pruebe con medicamentos de administración oral. Destacan en esta fase inicial para controlar la diabetes tipo 2 la ingesta de metformina y el consumo de sulfonilureas.

Lo que se espera de la metformina es que la cantidad de glucosa que segrega el hígado se vea reducida para que así la insulina producida por el páncreas sea mejor asimilada por el organismo. La deficiente respuesta de la insulina, podría verse explicada por la saturación de glucosa proveniente no sólo de los alimentos sino también de la producida por el hígado.  

Los medicamentos sulfonilureas, en cambio, elevan la segregación de insulina, echándole una mano amiga al páncreas que, como ya sabemos, es el órgano que produce esta hormona.

Una última solución para evitar descontroles en la diabetes tipo 2 y subsiguientes problemas de salud reside en inyectarse insulina. Con la terapia hormonal se pretende conseguir la insulina necesaria para procurar parámetros saludables de glucosa en el cuerpo.  

De manera particular la tarea de esta hormona consiste en transportar la glucosa, principal fuente de energía, proveniente de alimentos al interior de las células. No obstante, por diversas razones su función se ve problematizada o simplemente el páncreas no la segrega,  lo que amerita la administración de la insulina vía parenteral y no oral.   

Dedicar especial atención a las dosis de insulina, horas de administración y reparar en la acción (prolongada, intermedia o rápida) también forman parte del tratamiento. Ejecutar con responsabilidad la terapia hormonal, con insulina en este caso, aparte de limitar e impedir efectos colaterales como la hipoglucemia, redunda en llevar un ritmo de vida sosegado.  

Por último, y a pesar del compromiso asumido en cuanto a la insulina, alimentación y ejercicios, cuando somos conscientes del padecimiento de diabetes tipo 2, no deberíamos descartar frecuentes revisiones médicas. Los ojos y los pies reclaman especial monitoreo.

Complicaciones de la diabetes tipo 2

Una de las enfermedades que mayor número de complicaciones genera es la diabetes en sus dos manifestaciones, tipo 1 y tipo 2. Entre otros motivos, esto obedece a la afectación de casi todos los sistemas ante el esfuerzo de sus órganos en lograr un equilibrio general.

La acumulación de azúcar en la sangre obstruye el flujo sanguíneo, a su vez, este hecho acarrea dificultades en el sistema circulatorio y en el corazón.

Es por ello que los denominados, antiguamente, accidentes cerebrovasculares (ACV) es uno de los eventos recurrentes en una persona con diabetes tipo 2 no controlada.  

Al mismo tiempo los ataques al corazón y la hipertensión, motivados por el mismo problema circulatorio, devienen en frecuentes afecciones padecidas por pacientes diabéticos.

Dentro de este grupo de padecimientos, la angina de pecho, también podría aparecer debido al menguado bombeo de sangre al músculo cardíaco.

Aunado a las dificultades circulatorias, la diabetes tipo 2 es una de las principales causas asociadas a la neuropatía. Específicamente esta afección conocida como neuropatía diabética provoca, inicialmente, hormigueo, dolor y rigidez en los miembros inferiores.

Pero con el paso del tiempo esta molestia puede desaparecer y dar paso a la pérdida de sensación o percepción de cualquier dolencia, incisión o lesión en los pies.

Esta posterior ausencia de respuesta ante el dolor o cualquier cortadura sea leve o profunda en los miembros inferiores (sobre todo), resulta “normal” puesto que la neuropatía involucra daños a nivel de las terminaciones nerviosas.  

Y es justamente en este momento cuando nuestros temores podrían incrementarse ante el riesgo o el hecho de padecer diabetes tipo 2, dada la posible mutilación progresiva de los miembros. Seguramente hayamos visto o sabido de alguna persona que haya sufrido la amputación de un pie, pierna o mano, acción motivada por la necrosis y escenario fértil para una grave infección.

Aparte de las dificultades suscitadas en el aparato circulatorio y en el ámbito neurológico, el daño ocular tampoco escapa de las complicaciones diabéticas.

La disminución de la visión producto de daños en la retina, se convierte en uno de los inconvenientes habituales y acusados por una visión borrosa, síntoma de la diabetes tipo 2.

La retinopatía diabética puede llegar a estadios insospechados como la ceguera a través del glaucoma u ocasionar la emergencia de cataratas, según reporta el sitio web healthline.

La piel también puede verse afectada por la diabetes tipo 2, exhibiendo manchas oscuras o con texturas escamosas o ser objeto de hongos e infecciones inducidas por bacterias.

Además, las cortaduras o lesiones en los pies o brazos, al demorar en sanar producen en la epidermis una apariencia poco agradable y con facilidad de ser lastimada.

El sistema hepático, asimismo, se ve comprometido con el depósito de azúcar en el torrente sanguíneo. Por un lado, el hígado experimenta sobretrabajo, pues el mismo se esfuerza al activar su reserva de glucosa ante la ausencia o poca cantidad de insulina segregada por el páncreas y su consecuente descontrol del azúcar.

Los riñones, por su parte, son igualmente afectados. El funcionamiento renal puede verse empeorado puesto que además de la glucosa estancada en la sangre, tanto líquidos como toxinas no pueden ser expulsados, por la orina, colapsando así el torrente sanguíneo. Por otra parte, estos órganos duplican su tarea ante el consumo de medicamentos orales para enfrentar la diabetes.

Otra complicación, o mejor, un factor de riesgo considerable en el abordaje de la diabetes tipo 2 es el sobrepeso. Al poseer abundante tejido adiposo, las células podrían aminorar el efecto de la insulina o desarrollar resistencia a la misma. 

A pesar de que la diabetes tipo 1 es catalogada como más agresiva en relación con la diabetes tipo 2, esta última no deja de constituir una amenaza para el total y óptimo funcionamiento del organismo.

A propósito de ello, afirma el espacio elsevier.es que el 75% de las personas con diabetes tipo 2 podría fallecer de manera prematura, en vista de las múltiples complicaciones que acarrea, siempre que no sea tratada adecuadamente.  

Padecer ciertas enfermedades no debería suponer el fin del mundo ni una carga insoportable y menos cuando existe disposición y disciplina en su manejo. Es el caso de la diabetes tipo 2 tratamiento, en la que el mismo, sea con insulina o con medicamentos orales, amerita complementarse con una actitud de estima hacia el propio ser.   

Con el simple hecho de no omitir raciones, si estamos haciendo uso de la insulina, estamos contribuyendo con los esperados resultados de la dinámica hormonal requerida para la regulación de la diabetes tipo 2. Igualmente, esquivar la inactividad y, en su lugar, apostar por hábitos deportivos reforzaría la obtención de logros saludables.

Dadas las complicaciones que puede encaminar un inadecuado manejo de la diabetes tipo 2, resulta muy aconsejable consultar varios especialistas: endocrinólogos, oftalmólogos, nutricionistas, entre otros. Simultáneamente, es de particular relevancia informarles sobre los avances, cambios o retrocesos percibidos con el tratamiento recomendado.

Finalmente y previendo la velocidad y el dinamismo que caracteriza a la sociedad actual, identificarse como diabético, portando un carnet, por ejemplo podría impedir prácticas equívocas ante posibles incidentes en la calle.

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