uñero

Tipos de uñero o uña encarnada y cómo quitarlos

Existen dolencias que por insignificantes que parezcan pueden comprometer nuestra salud. Un ejemplo de esta situación podría ser la emergencia de una uña encarnada o uñero. Aunque, en principio, podamos manejar esta condición, siempre y cuando la detectemos tempranamente, existen algunos tipos de uñero que comportan dificultades mayores.   

Conocer las prácticas que impiden el desarrollo y recurrencia de esta incómoda afección, además de aprender sobre los tratamientos clínicos y caseros que pueden aliviarla, se erigen como herramientas útiles para proceder correctamente en caso de que, en algún momento, nos veamos castigados por este minúsculo pero amenazante padecimiento.   

A continuación, mostraremos información valiosa sobre los tipos de uñero; sus estados o niveles de gravedad; consejos para evitarlos y procedimientos para retirar las uñas encarnadas sin acusar dolor.

Tipos de uñero

Conocido clínicamente como onicocriptosis, un uñero o uña encarnada es una lesión, a menudo, dolorosa que surge cuando un borde o parte de la uña se incrusta en la piel que la rodea. Son varias las causas asociadas a esta incómoda condición y pueden ser de índole externa o responder a elementos anatómicos.

Por ejemplo, tener las uñas arqueadas o en forma de “U” podría justificar la presencia de un uñero, pues, a medida que crecen, su irregular figura va soterrando la piel contigua. También el uso de zapatos muy ajustados, dada la presión que éstos ejercen sobre la parte delantera de los pies, se suma a los elementos que motivan una uña encarnada.

Pero sin duda el factor más común, señalado por los especialistas, en la aparición de la onicocriptosis es la práctica incorrecta a la hora de cortar las uñas. Los podólogos, profesionales expertos en el cuidado y tratamiento de los pies, coinciden en que procurar cortes rectos en lugar de arqueados o con curvas, es la mejor manera de evitar los uñeros.

Tanto los dedos de las manos como de los pies pueden ser blanco de uñeros, sin embargo, son las uñas de los pies, específicamente la del dedo gordo, las que tienden a encarnarse.

En atención a la arista de la uña que se enclave en el borde ungueal, será posible clasificar los uñeros en: laterales y anteriores

Los uñeros laterales suelen ser los más usuales y pueden aparecer tanto en el borde izquierdo como en el derecho del dedo. Los anteriores, por su parte, ocurren cuando la uña ejerce presión en el margen delantero o punta del dedo, esto es, se encarnan hacia adelante.

Pese a lo anterior, el punto de partida para identificar los tipos de uñero se halla  determinado tanto por el nivel de afectación de la piel contigua a la uña como de ésta propiamente.

De manera que signos como enrojecimiento, inflamación, calor y secreción purulenta orientarán el diagnóstico y tratamiento según el tipo y estado en que se encuentre el uñero, como veremos seguidamente.

Estados

El grado de severidad de la lesión intervendrá en su ubicación en alguno de los tres estados.

Estado I: en esta etapa ya se ponen de manifiesto la inflamación y el enrojecimiento del área que rodea a la uña. Asimismo, se advierte dolor al tacto y la piel experimenta calor. En este momento todavía no hay producción de pus.

Estado II: la sensación de dolor y la inflamación aumentan considerablemente y ya es posible sospechar que hay pus, debido a la presencia de abscesos con tonos amarillentos. En esta fase II, un proceso infeccioso ya es latente y si la región dérmica involucrada se rompe, el nódulo purulento drenará.

Estado III: tanto la inflamación como el enrojecimiento han llegado hasta la base del dedo, generando un profundo dolor, al punto que es impensable llevar zapatos cerrados. La piel que rodea a la uña comienza a engrosar, dando origen a un tejido áspero. Dada la gravedad y la fuerte infección la persona puede presentar fiebre y escalofríos.

Tratamientos del uñero

uñero-tratamiento
Shutterstock.com

Un tratamiento exitoso dependerá, en buena medida, de un buen diagnóstico. En consecuencia, además de los síntomas y la exploración física del pie o la mano, el médico, elegirá el tratamiento en función del estado en que se encuentre la piel lesionada por el uñero. También atenderá a factores de riesgo como la diabetes.

Existen dos principales métodos para tratar una uña encarnada. Uno de corte tradicional o conservador y el segundo de tipo quirúrgico. El primero será llevado a cabo siempre que no haya tejido amorfo (propio del uñero en estado III), sobre la región epidérmica contigua a la uña.

Además de la administración de antibióticos, es muy probable que el podólogo proceda a cortar, con un bisturí, el borde de la uña que lastima la piel. Normalmente este procedimiento se ejecuta empleando anestesia local.

Si la causa que originó la onicocriptosis es anatómica (uña abarquillada) el especialista indicará la manera adecuada de cortarse las uñas para no reincidir en el padecimiento.

El tratamiento quirúrgico, por su parte, es la opción divisada cuando el procedimiento conservador no arroja resultados positivos. Antes de la intervención, el podólogo extirpará el absceso y reducirá la infección, igualmente, con antibióticos. Seguidamente, luego de varios días, hará la cirugía.

El propósito de esta intervención quirúrgica reside en remover el margen de la uña que entorpece su crecimiento y lesiona a la piel adyacente. La idea, por consiguiente, es que dicho borde no crezca más.

La óptima y total recuperación después de una intervención, aunque sea menor o ambulatoria, se encuentra condicionada por el cuidado posterior. En el caso de las uñas encarnadas es preciso no usar zapatos ajustados después de la cirugía, puesto que podrían lastimar la incisión.

Como hemos visto, acudir al podólogo cuando el padecimiento se encuentre en grado III es de capital importancia, entre otras razones porque, según lo indicado en el sitio saludmedica, si la infección es muy fuerte y está cerca de algún hueso del pie, el hueso puede infectarse lo cual, naturalmente, agudizaría la afección.

Paralelamente y siempre que la onicocriptosis no haya alcanzado los dos últimos niveles de severidad es posible apelar a las propiedades de muchas plantas y a las bondades de los remedios caseros. Sobre estos tratamientos alternativos volveremos más adelante.

Si el uñero se ubica en grado I, podría ser de gran alivio y prevención aplicar cremas antibióticas sobre la uña y la región vecina, preferiblemente después de haber tenido el pie o la mano durante varios minutos en agua tibia. Este procedimiento menguará o impedirá la infección, según sea el caso.

Cómo quitar las uñas encarnadas sin dolor y paso a paso

En correspondencia con los estados de los uñeros, el especialista, sobre todo en los dos últimos niveles (II y III), optará por retirar parcialmente la uña encarnada. Esta decisión se verá justificada tanto por la infección como por la necesidad de evitar la reincidencia.

El primer procedimiento consiste en levantar la uña, todavía en este momento no es preciso quitarla, puesto que, aunque está levemente encarnada no hay pus. Sin embargo, el dolor es notable al igual que el enrojecimiento de la piel adyacente a ella.  

De modo que en lugar de retirarla, en esta instancia, el médico alzará la uña. Para ello se apoyará en algodón o en hilo dental como principales insumos. Con una pinza, levantará el borde de la uña enclavado y entre el mismo y la piel introducirá una porción de algodón o hilo. La idea de este procedimiento es que la uña siga creciendo por encima del borde y no dentro de él.

Un segundo mecanismo radica en remover parcialmente la uña, práctica motivada por  la presencia de pus y la intensificación del dolor, producto de la inflamación. Con el uso de anestesia local y con el previo drenaje del absceso purulento, el especialista extirpara quirúrgicamente la parte de la uña enclavada.  

Finalmente, la tercera práctica clínica amerita retirar parcialmente la uña y el tejido blando contiguo. Este tejido dérmico es la base de la uña por lo que el propósito que guía esta práctica reside en impedir que esa parte de la uña vuelva a crecer allí y reaparezca unas veces más el conocido tormento. La reincidencia determina, en cierto modo, este proceso.

La administración de antibióticos suele fungir como tratamiento complementario a estas tres maneras de quitar las uñas encarnadas. Por ello, es posible que antes y después de la intervención el podólogo indique estos fármacos, de forma particular, si se decanta por los dos últimos procedimientos quirúrgicos.

¿Cómo evitar las uñas encarnadas?

Un primer paso para impedir que las molestias derivadas de los uñeros nos atormenten consiste en brindar mayor atención y cuidado a nuestras uñas. Por ejemplo, detallar su forma y las posturas que suelen adoptar durante su crecimiento son datos que podrían ser útiles al podólogo, en caso de alguna complicación.

Tal como asomamos anteriormente, la causa más usual de las uñas encarnadas es la inadecuada manera de cortarlas. Por tanto, proceder con mesura y tino al momento de rebajar su tamaño es fundamental. Asimismo, realizar cortes rectos en lugar de dejar que los bordes queden arqueados evitará su enclavamiento en la piel.  

Si notamos que, con frecuencia, alguna uña de los pies se encarna es conveniente prescindir, al menos durante un tiempo, de la pedicura. Si bien, los pies pueden agradecer este tipo de cariños pueden verse, igualmente, sometidos a adquirir alguna infección o recibir alguna lesión en el área en cuestión.  

Otra práctica de naturaleza cosmética que debemos evadir es emplear esmalte de uñas, si atravesamos por una onicocriptosis. Por un lado, las sustancias químicas de la pintura podrían irritar el tejido epidérmico lesionado. A su vez, al tener las uñas pintadas, puede ocurrir que el esmalte impida notar enrojecimiento o alguna coloración anormal de la uña y piel contigua.

Sustituir el calzado con punta estrecha y muy ajustado por sandalias o zapatos abiertos en la parte de adelante, previene los uñeros. La comodidad ofrecida por un calzado amplio, que no ejerza ninguna presión sobre las uñas ni dedos alejará esos molestos padecimientos.

Los hongos y los traumatismos en las uñas son considerados como factores desencadenantes, aunque secundarios, de los uñeros. Es por ello que en ambientes laborales en los que haya posibilidades de que los pies puedan lastimarse es muy aconsejable utilizar calzado de seguridad o protección.

En cambio, continuando con el calzado, si existe un uñero olvidarse de los tacones es una atinada decisión. La incómoda posición que toma el pie lo obliga a recibir todo el peso, justo en la zona donde están las uñas, con lo cual, la circulación se ve perjudicada.

Revisar los pies y acariciarlos puede convertirse en un hábito que traerá beneficios a la salud de ellos. Especialmente este consejo está dirigido a las personas diabéticas, quienes pueden no percibir ninguna molestia y reaccionar tardíamente.

Finalmente, cuando abusamos de la fuerza y arrancamos los márgenes del borde ungueal o punzamos los laterales de las uñas con objetos afilados y sin esterilizar, corremos el riesgo de recoger infecciones. De modo que, deshacernos de estas nocivas prácticas disminuirá las lesiones en el tejido que circunda a las uñas.

Remedios caseros

Siempre y cuando las uñas encarnadas no evidencien pus, sino que las molestias incluyan: enrojecimiento, leve inflamación y dolor soportable, los remedios caseros pueden aliviarlas considerablemente. En lo que sigue compartiremos algunos, destacados por su efectividad:

Las propiedades antisépticas de la sal marina brindan higiene y reducen la inflamación cutánea, producto de los uñeros. Bastará con sumergir el dedo lesionado durante media hora por una semana o hasta notar cambios que promuevan el alivio.

Reconocida por ser una excelente regeneradora de tejido y poseer un poder antibacteriano la miel es bastante aconsejable en el tratamiento de las uñas encarnadas. Además, su apariencia viscosa contribuirá a suavizar la cutícula, región del borde ungueal que suele retirarse cuando hay uñeros.

Otro beneficio de la miel radica en su capacidad para humectar, función que preparará la piel que rodea a la uña en caso de que haya manipularla, cuidadosamente, para cortar el vértice, origen del uñero. Durante dos horas y por quince días, embadurnaremos el dedo, en cuestión, con miel. Posteriormente, lavaremos con abundante agua tibia.

Se suma a estas opciones caseras el limón poseedor de rasgos cicatrizantes y alcalinos. En el contexto específico de las uñas encarnadas son las cualidades antimicrobianas del limón las que reparan dicha afección. Durante media hora podemos dejar la mitad de este fruto para que haga efecto.  

En virtud de las bondades de la miel y el limón, hay quienes prefieren mezclar ambos productos naturales para combatir los uñeros. Para ello, es necesario combinar el jugo de medio limón con una cucharada de miel y ungir el dedo. Seguidamente, cubrimos el mismo con una gasa y dejamos actuar la mezcla durante toda la noche.

Los aceites ejercen una función necesaria cuando se trata de uñas encarnadas, puesto que suavizan y le otorgan mayor elasticidad a la piel que, seguramente, ameritará ser removida para extraer el borde de la uña soterrado en ella.

Particularmente, en este escenario el aceite esencial de árbol de té es el más cotizado, por contar con características antimicrobianas. También el aceite para bebés, además de su agradable aroma, humecta y armoniza la superficie dérmica, castigada por el uñero.  

Para aplicar los aceites precisaremos de un hisopo para, generosamente, untar el aceite en la uña y piel involucradas. Bastarán 10 minutos para lavar la zona con agua tibia.

La función más reconocida del bicarbonato de sodio es la de neutralizar los ácidos. No obstante, sus características emolientes, como es de esperar, ablandan la piel y previenen la formación de uñeros. Concretamente, la capacidad de aniquilar bacterias, hacen de este compuesto un ingrediente recomendado para tratar la onicocriptosis.

Disolvemos una cucharada de bicarbonato de sodio en cinco de agua mineral o destilada y esparciremos la pasta resultante en el dedo lesionado. Después de diez minutos lavamos la región y cuidamos de secarla bien.

Pese a que los ingredientes de las soluciones domésticas compartidas, no suponen efectos secundarios, en caso de padecer diabetes, como se recomienda en el espacio wikihow, será pertinente preguntar al podólogo sobre la conveniencia de tales posibilidades caseras.   

En ocasiones basta con regalarnos más tiempo y atención para evitar determinados y fatídicos padecimientos como los uñeros. Los pies, pese a ser miembros nobles, encargados nada más y nada menos que del apoyo corporal y su desplazamiento, suelen ser descuidados y en extensión los dedos con sus uñas.

De modo que otorgarles mayor cuidado a las uñas de las manos y de los pies entraña un primer avance en la batalla contra la onicocriptosis. Aunado a esto, familiarizarnos con los tipos de uñero existentes, los cuales dependen del grado de severidad de la afección, nos proporciona más claridad en cuanto al momento indicado, y necesario, para acudir al especialista.

Por último, cortarnos las uñas procurando incisiones rectas; evitar el calzado muy ajustado y visitar al podólogo cuando se perciba la presencia de pus y el dolor se torne intenso, son apenas tres acciones ineludibles para olvidarnos de los nefastos efectos de los uñeros.

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